50 frases de Byung-Chul Han

Byung-Chul Han, nacido en Seúl, es profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universität der Künste Berlin (UdK). Uno de los filósofos más leídos en Europa, es autor de más de veinte libros, incluidos cuatro volúmenes anteriores de la serie MIT Press Untimely Meditations, In the Swarm: Digital Prospects, The Agony of Eros, Shanzhai: Deconstruction in Chinese y topología de la violencia.

  • El amor a uno mismo todavía está determinado por la negatividad en la medida en que devalúa y aleja al Otro en favor del Propio.
  • El primer plano hace que el cuerpo aparece en su conjunto de forma pornográfica. Lo despoja del lenguaje. Lo pornográfico es que al cuerpo lo despojen de su lenguaje. Las partes del cuerpo filmadas en primer plano surten el efecto de parecer órganos sexuales: "El primer plano de una cara es tan obsceno como el de un sexo. Es un sexo. Cualquier imagen, cualquier forma, cualquier parte del cuerpo vista de cerca es un sexo ".
  • En el primer plano del rostro se difumina por completo el trasfondo. Conduce a una pérdida del mundo. La estética del primer plano refleja una sociedad que se ha convertido ella misma en una sociedad del primer plano. El rostro da la impresión de haber quedado atrapado en sí mismo, volviéndose autorreferencial. Ya no es un rostro que contenga mundo, es decir, ya no es expresivo. El selfie es, exactamente, este rostro vacío e inexpresivo. La adicción al selfie remite al vacío interior del yo.
  • Hoy, el yo es muy pobre en cuanto a formas de expresión estables con las que pudiera identificarse y que le otorgaran una identidad firme. Hoy nada tiene consistencia. Esta inconsistencia repercute también en el yo, desestabilizándolo y volviéndolo inseguro. Precisamente esta inseguridad, este miedo por sí mismo, conduce a la adicción al selfie, a una marcha en vacío del yo, que nunca encuentra sosiego. En vista del vacío interior, el sujeto del selfie trata en vano de producirse a sí mismo. El selfie es el sí mismo en formas vacías. Estas reproducen el vacío. Lo que genera la adicción al selfie no es un autoenamoramiento o una vanidad narcisistas, sino un vacío interior.
  • El terror de lo igual alcanza hoy a todos los ámbitos vitales. Viajamos por todas partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir ningún conocimiento. Se ansían vivencias y estímulos con los que, sin embargo, uno se queda siempre igual a sí mismo. Uno acumula amigos y seguidores sin experimentar jamás el encuentro con alguien distinto. Los medios sociales representan un grado nulo de lo social.
  • La interconexión digital total y la comunicación total no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelve cada vez más estrecho. No enredan en un inacabable bucle del yo y, en último término, nos llevan a una "autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones".
  • Lo sano es una forma de expresión de lo liso y pulido. Paradójicamente, irradia algo morboso, algo inerte. Sin la negatividad de la muerte, la vida se anquilosa en lo muerto. Se la satina, convirtiéndola en aquello que, por carecer de vida, tampoco puede morir. La negatividad es la fuerza vivificante de la vida. Constituye también la esencia de lo bello. Inherente a lo bello es una debilidad, una fragilidad, un quebrantamiento. Es a esta negatividad a lo que lo bello tiene que agradecerle su fuerza de seducción. Lo sano, por el contrario, no seducir. Tiene algo de pornográfico. La belleza es enfermedad:
  • La proliferación de lo sano trae inmediatamente consigo la proliferación de la enfermedad. Su antídoto es la enfermedad consciente de sí misma, la restricción de la vida propiamente tal. Esa enfermedad curativa es lo bello. Este pone freno a la vida, y, de ese modo, a su colapso. Mas si se niega la enfermedad en nombre de la vida, la vida hipostasiada, por su ciego afán de independencia de ese otro momento se entrega a este de lo pernicioso y destructivo, de lo cínico y lo arrogante. Quien odia lo destructivo tiene que odiar también la vida: solo lo muerto se asemeja a lo viviente no deformado.
  • La actual calocracia, o imperio de la belleza, que absolutiza lo sano y lo pulido, justamente elimina lo bello. Y la mera vida sana, que hoy asume la forma de una supervivencia histérica, se trueca en lo muerto, en aquello que por carecer de vida tampoco puede morir.
  • Cada época tiene sus aflicciones características. Por tanto, existía una era bacteriana; a más tardar, terminó con el descubrimiento de los antibióticos. A pesar del temor generalizado a una epidemia de influenza, no vivimos en una era viral. Gracias a la tecnología inmunológica, ya lo hemos dejado atrás. Desde el punto de vista patológico, el incipiente siglo XXI no está determinado ni por bacterias ni por virus, sino por neuronas. Enfermedades neurológicas como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) y el síndrome de burnout marcan el panorama de la patología a principios del siglo XXI.
  • Frente a la infinitud del tiempo, la breve vida humana es una nada.
  • («Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo»).
  • «primera enseñanza preliminar para la espiritualidad». Según Nietzsche, uno tiene que aprender a «no responder inmediatamente a un impulso, sino a controlar los instintos que inhiben y ponen término a las cosas». La vileza y la infamia consisten en la «incapacidad de oponer resistencia a un impulso», de oponerle un No. Reaccionar
  • La queja del individuo depresivo, “Nada es posible”, solo puede ocurrir en una sociedad que piensa, “Nada es imposible.
  • La aceleración de la vida contemporánea también juega un papel en esta falta de ser. La sociedad del trabajo y el logro no es una sociedad libre. Genera nuevas limitaciones. En última instancia, la dialéctica entre amo y esclavo no produce una sociedad en la que todos sean libres y capaces también de ocio. Más bien, conduce a una sociedad de trabajo en la que el propio amo se ha convertido en un esclavo trabajador. En esta sociedad de compulsión, todos llevan un campo de trabajo adentro. Este campo de trabajo se define por el hecho de que uno es simultáneamente prisionero y guardián, víctima y agresor. Uno se explota a sí mismo. Significa que la explotación es posible incluso sin dominación.
  • El consumo voraz de imágenes hace imposible cerrar los ojos. El punctum presupone una ascesis del ver. Le es inherente algo musical. Esta música solo suena al cerrar los ojos, cuando uno hace «un esfuerzo de silencio». El silencio libera a la imagen del «blablá habitual» de la comunicación. Cerrar los ojos significa «hacer hablar la imagen en el silencio». Así es como Barthes cita a Kafka: «Fotografiamos cosas para ahuyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos. »
  • Desde el punto de vista patológico, el incipiente siglo XXI no está determinado ni por bacterias ni por virus, sino por neuronas. Enfermedades neurológicas como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) y el síndrome de burnout marcan el panorama de la patología a principios del siglo XXI. No son infecciones, sino infartos; no se derivan de la negatividad de lo inmunológicamente extraño, sino de un exceso de positividad. Por tanto, eluden todas las tecnologías y técnicas que buscan combatir lo ajeno.
  • Foucault señala que el homo oeconomicus neoliberal no mora en la sociedad disciplinaria, que, como empresario de sí mismo, ya no es un sujeto obediente; pero queda oculto para dicho autor que este empresario por cuenta propia en realidad no es libre, sino que simplemente creer serlo, cuando en verdad se explota a sí mismo. Foucault adopta un tono afirmativo frente al neoliberalismo. Acepta sin crítica que el régimen neoliberal, como "sistema del Estado mínimo", como "administrador de la libertad", posibilita la libertad del ciudadano. Se le escapa por completo la estructura de poder y coacción que hay en la proclamación neoliberal de la libertad. De esta forma, la interpretación como libertad para la libertad: “Voy a producir para ti lo que se requiera para que seas libre. Voy a procurar que tengas la libertad para ser libre ”. La proclamación neoliberal de la libertad se manifiesta, en realidad, como un imperativo paradójico: sé libre. Se precipita al sujeto del rendimiento a la depresión y al agotamiento. En Foucault, la "ética del sí mismo" ciertamente se opone al poder político represivo, así coma la explotación por parte de otros, pero es ciega ante aquella violencia de la libertad que está en el fondo de la explotación del sí mismo.
  • El tú puedes producir coacciones masivas en las que el sujeto del rendimiento se rompe en toda regla. La coacción engendrada por uno mismo se presenta como libertad, de modo que no es reconocida como tal. El tú puedes incluso ejercer más coacción que el tú debes. La coacción propia es más fatal que la coacción ajena, ya que no es posible ninguna resistencia contra sí mismo. El régimen neoliberal esconde su estructura coactiva tras la aparente libertad del individuo, que ya no se entiende como sujeto sometido, sino como desarrollo de un proyecto. Ahí está su ardid. Quien fracasa es, además, culpable y lleva consigo esta culpa dondequiera que vaya. No hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso. Tampoco hay posibilidad alguna de excusa e expiación. Con ello, surge no solo la crisis de culpa, sino también de la gratificación.
  • Con toda seguridad no habrá una política del amor. Sin embargo, las acciones políticas comunican con el Eros, pues suponen el deseo común de otra forma de vida. El amor interrumpe la perspectiva del uno y hace surgir el mundo desde el punto de vista del otro, de la diferencia. Así, el Eros constituye una fuente de energía para la protesta política. Se manifiesta como aspiración revolucionaria a una sociedad completamente diferente. Es más, mantiene en pie la fidelidad a lo venidero.
  • Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la inteligencia especial del régimen neoliberal.
  • El neoliberalismo convierte a los ciudadanos en consumidores. La libertad del ciudadano cede a la pasividad del consumidor. Como consumidores, los votantes de hoy no tienen ningún interés real en la política, en dar forma activa a la comunidad. No poseen ni la voluntad ni la capacidad de participar en la acción política comunitaria. Reaccionan solo pasivamente a la política: quejándose y quejándose, como lo hacen los consumidores sobre un producto o servicio que no les gusta. Los políticos y los partidos también siguen esta lógica de consumo. Tienen que "cumplir". En el proceso, se convierten en nada más que proveedores; su tarea es satisfacer a los votantes que son consumidores o clientes.
  • Si el sueño representa el punto culminante de la relajación corporal, el aburrimiento profundo es el pico de la relajación mental. Una prisa puramente frenética no produce nada nuevo. Reproduce y acelera lo que ya está disponible.
  • La depresión, que a menudo culmina en agotamiento, es consecuencia de una autorreferencia excesiva, sobreexcitada y abrumada que ha asumido rasgos destructivos. El sujeto de logros exhausto y depresivo se agota, por así decirlo. Está cansado, exhausto por sí mismo y en guerra consigo mismo. Totalmente incapaz de dar un paso hacia afuera, de estar fuera de sí misma, de apoyarse en el Otro, en el mundo, cierra sus mandíbulas sobre sí misma; paradójicamente, esto lleva al yo a vaciarse y vaciarse. Se desgasta en una carrera de ratas que corre contra sí mismo.
  • Un único amigo de verdad sería la prueba de que uno tiene un carácter firme. Schmitt diría: cuanto menos carácter y menos forma se tiene, cuanto más liso y pulido y más escurridizo se es, tantos más amigos tiene uno. Facebook es un mercado de la falta de carácter.
  • El orden digital desplaza todos los parámetros del ser. «Propiedad», «vecindad», «clan», «estirpe» y «estamento» se encuadran todos ellos en el orden del terreno, en el orden de la tierra. La interconexión digital disuelve el clan, la estirpe y la vecindad. La economía del compartir o del compartir hace que también la «propiedad» se vuelve superflua, reemplazándola por el acceso. El medio digital se asemeja al mar sin carácter, en el que no pueden inscribirse líneas ni marcas fijas. En el mar digital no se pueden edificar fortalezas, ni umbrales, ni muros, ni fosos, ni mojones fronterizos. Se pueden interconectar mal los caracteres firmes. No son capaces de conexión ni de comunicación. En los tiempos de la interconexión, de la globalización y de la comunicación, un carácter firme no es más que un obstáculo y un inconveniente. El orden digital celebra un nuevo ideal. Se llama el hombre sin carácter, la lisura sin carácter.
  • Lo que resulta problemático no es la competencia individual per se, sino su autorreferencialidad, que se convierte en competencia absoluta. Es decir, el sujeto del logro compite consigo mismo; sucumbe a la compulsión destructiva de superarse una y otra vez, de saltar sobre su propia sombra. Esta autocontrol, que se hace pasar por libertad, tiene resultados mortales.
  • La dominación aumenta su eficacia al delegar a cada uno la vigilancia. El me gusta es el amén digital. Cuando hacemos clic en el botón de me gusta nos sometemos a un entramado de dominación. El smartphone no es solo un eficiente aparato de vigilancia, sino también un confesionario móvil. Facebook es la iglesia, la sinagoga global (literalmente, la congregación) de lo digital.
  • En las redes sociales, la función de los "amigos" es principalmente la de realzar el narcisismo al prestar atención, como consumidores, al ego exhibido como una mercancía.
  • La sociedad actual ya no es el mundo disciplinario de Foucault de hospitales, manicomios, prisiones, cuarteles y fábricas. Hace tiempo que ha sido reemplazado por otro régimen, a saber, una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aeropuertos, centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es una sociedad disciplinaria, sino una sociedad de logros [Leistungsgesellschaft]. Además, sus habitantes ya no son "sujetos de obediencia" sino "sujetos de logros". Son empresarios de sí mismos.
  • Según Ehrenberg, la depresión se propaga cuando los mandamientos y prohibiciones de la sociedad disciplinaria ceden ante la responsabilidad y la iniciativa. En realidad, no es el exceso de responsabilidad e iniciativa lo que enferma, sino el imperativo de lograr: el nuevo mandamiento de la sociedad laboral tardomoderna.
  • La queja del individuo depresivo, "Nada es posible", solo puede ocurrir en una sociedad que piensa, "Nada es imposible". Dejar de ser capaz de poder conduce al autorreproche destructivo y la autoagresión. El sujeto del logro se encuentra luchando consigo mismo. El depresivo ha sido herido por la guerra internalizada. La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre de positividad excesiva. Refleja una humanidad que está librando la guerra contra sí misma.
  • Hoy, incluso el llamado inmigrante no es un Otro inmunológico, no un extranjero en el sentido fuerte, que representa un peligro real o al que se teme. Es más probable que los inmigrantes y refugiados sean percibidos como una carga que como una amenaza.
  • El cansancio profundo afloja las restricciones de la identidad. Las cosas parpadean, centellean y vibran en los bordes. Se vuelven menos determinados y más porosos y pierden algo de su resolución. Esta particular diferencia les da un aura de amistad. Se suspende la delimitación rígida con respecto al entorno:
  • La cultura presupone un entorno en el que es posible una atención profunda. Cada vez más, esta reflexión inmersiva está siendo desplazada por una forma de atención completamente diferente: la hiperactividad.
  • Nietzsche ya observó que, después de la muerte de Dios, la salud se elevó al estado divino. Si un horizonte de sentido se extendiera más allá de la mera vida, el culto a la salud no podría alcanzar este grado de absolutismo.
  • Hoy, no somos solo presos o víctimas en un panóptico digital controlado por extranjeros. Originalmente, el Panoptikum era un edificio parecido a una prisión diseñado por Jeremy Bentham. Los prisioneros del anillo exterior están custodiados por una torre de vigilancia central. En el panóptico digital, no estamos simplemente atrapados. Nosotros mismos somos los perpetradores. Participamos activamente en el panóptico digital. Incluso lo entretenemos conectándonos al cuerpo como los millones de auto-movimientos cuantificados y poniendo voluntariamente nuestros datos relacionados con el cuerpo en la web. La nueva regla no nos silencia. Más bien, ella nos llama constantemente a comunicarnos, a compartir, a comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias, a contar nuestras vidas.
  • La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya «sujetos de obediencia», sino «sujetos de rendimiento». Estos sujetos son emprendedores de sí mismos.
  • A la vida desnuda, convertida en algo totalmente efímero, se reacciona justo con mecanismos como la hiperactividad, la histeria del trabajo y la producción. También la actual aceleración está ligada a esa falta de Ser. La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Producir nuevas obligaciones. La dialéctica del amo y el esclavo no conduce finalmente a aquella sociedad en la que todo aquel que sea apto para el ocio es un ser libre, sino más bien a una sociedad de trabajo, en la que el amo mismo se ha convertido en esclavo del trabajo. En
  • Por mediación de la libertad individual se realiza la libertad del capital. De este modo, el individuo libre es degradado a órgano sexual del capital.
  • Hoy vivimos en un mundo muy pobre en interrupciones; Faltan “intermedios” y “entre tiempos”.
  • La violencia de la positividad no priva, satura; no excluye, agota.
  • El sujeto de logros de la modernidad tardía no persigue las obras del deber. Sus máximas no son la obediencia, la ley y el cumplimiento de la obligación, sino la libertad, el placer y la inclinación. Sobre todo, espera los beneficios del disfrute del trabajo. Funciona por placer y no actúa a instancias del Otro. En cambio, se escucha principalmente a sí mismo. Después de todo, debe ser un emprendedor emprendedor
  • Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea y se reinventa. Este tránsito del sujeto al proyecto va acompañado de la sensación de libertad. Pues bien, el propio proyecto se muestra como una figura de coacción, incluso como una forma eficiente de subjetivación y de sometimiento. El yo como proyecto, que cree que es liberado de las coacciones externas y de las coerciones ajenas, se somete a coacciones internas y a coerciones propias en forma de una coacción al rendimiento y la optimización.
  • «[…] Los dos estábamos cayendo ya, cada uno por su lado; cada uno a su cansancio más propio y particular, no al nuestro, sino al mío de aquí y al tuyo de allá ».
  • Numquam se plus agere quam nihil cum ageret; numquam menos solum esse quam cum solus esset
  • Amor es una conclusión absoluta porque presupone la muerte, la renuncia a sí mismo. La «verdadera esencia del amor» consiste en «renunciar a la conciencia de sí mismo, en olvidarse de sí en otra mismidad».
  • El alma humana necesita esferas en las que pueda estar en sí misma sin la mirada del otro. Una iluminación total la quemaría y provocaría una forma especial de síndrome de burnout

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